Preparación para el Camino de Santiago

Cuando decides hacer el viaje, hay toda una preparación física y mental a tener en cuenta.

Si eres una persona que no está acostumbrada a dar largos paseos, es recomendable que te prepares de antemano. Comenzando con distancias cortas y aumentando progresivamente, con el fin de tonificar el cuerpo y dar elasticidad a los músculos. Con el aumento de caminatas y distancias, es recomendable agregar la mochila con el peso que llevarás en el viaje, para que te acostumbres al peso.

Es recomendable consultar la climatología, a la hora de realizar el Camino, para elegir la ropa más adecuada. Para llevar calzado debes optar por botas de montaña o zapatillas deportivas, ajustadas al pie y no deben ser nuevas. La mochila debe ser cómoda, bien adaptada al cuerpo, ligera y anatómica.

Adopte algunas técnicas que le ayuden a caminar, como estirarse, calcular el tiempo de descanso, lograr un ritmo de marcha cómodo. No olvides que una buena hidratación es fundamental, evita problemas musculares y no consume agua de manantiales o lugares dudosos.

El peregrino que va a pie debe prestar especial atención y cuidado con los pies, debe actuar de manera preventiva, aplicando vaselina diariamente antes de iniciar la marcha, evitando la aparición de burbujas. Para el tratamiento y cicatrización de los pies lesionados será necesario traer un pequeño botiquín con el material imprescindible: agujas hipodérmicas, apósitos de gelatina, vendajes, vendajes adhesivos y tiras elásticas y un pequeño par de tijeras.

Las comidas deben ser adecuadas para caminar. El desayuno es fundamental, ya que es la comida previa al inicio de la marcha, debes tomar alimentos que aporten energía sin recargar el estómago.

En el camino también es importante combatir el cansancio, tomando descansos incluso cuando no estás cansado, para tener una mejor recuperación. Durante algunas paradas ocasionales, aproveche la oportunidad para beber y comer cualquier cosa en pequeñas cantidades, pero lo suficiente para reponer fuerzas. Para aliviar el cansancio y la tensión en las extremidades inferiores, pueden aflojarse un poco los zapatos y descansar con los pies en alto.

 

¡¡Buen camino!!

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